Escogimos
Montpellier como última etapa fija de nuestro viaje por lo
mucho y bien que he
leído en éste último año sobre la producción de vinos naturales, o
biodinámicos como allí los llaman, y por los famosos
Gres de Montpellier (
denominación constituida que abarca los cerros de
Languedoc y cuyas cepas tradicionales son la Garnacha tinta y la
Syrah).
Después de visitar Le
jardín des
délices en
Nîmes, nos pusimos en camino de vuelta a
Montpellier (
habiamos pasado el día anterior para llegar a
Nîmes) donde nos perdimos en su circunvalación de acceso para encontrar el pueblo donde teníamos reservado el
camping. Tuvimos que pasar al centro y preguntar en turismo,
aprovechando mientras en solicitar información sobre bodegas y viñedos.
Tras ciertas
complicaciones en turismo conseguimos la información que nos interesaba y partimos al pueblo, a unos escasos 6 km de la ciudad. El
camping estaba realmente bien montado y está muy cerca del centro de
Montpellier. Montamos la tienda y comimos algunas
cosillas que habíamos comprado por el camino.
Después de comer, temprano, partimos hacía el centro a descubrir la ciudad.
Aparcamos en el
parking de
Place du Comedie.....repleta de
brasseries, locales y uno de los centros neurálgicos de la ciudad por lo que pudimos ver. También en esa plaza está el edificio de la Ópera. Nos situamos en el mapa y nos fuimos hacia el otro lado justo del centro, para empezar por la Catedral de San
Pierre, del siglo
XIV. Es gótica pero realmente parece una auténtica fortaleza, es
mastodóntica y fuerte. Al lado está la Facultad de Medicina donde estudiaron por ejemplo
Nostradamus o Ramón
Llul.

Desde allí recorrimos todo el centro, pasando por el Arco de Triunfo, la iglesia de
Notre Dame des
Tables, Le
couvent des
Ursulines, Santa Ana, la
Plaçe du Marché
aux fleurs y la
Plaçe Jean Jaures, abarrotada de gente y locales donde nos paramos a tomar un vino rosado.
De allí a la
Plaçe de la Comedie hay un paso, y volvimos allí para acabar la ruta turística del día y comenzar a pensar en algo de cenar.
Nos acercamos a la
Plaçe St Roch (San Roque) ya que según nuestras guias es una plaza preciosa y diferente al resto, menos
turística y transitada. Realmente las guías reflejaban la realidad de la plaza. Coqueta, locales y
cafés apartados del turismo, muestras de arte en la misma calle, músicos, columpios para los niños y una bella iglesia que
aprovechamos para ver.
Fue una visita corta ya que comenzaba una prueba para el coro pero mereció la pena.
A la salida nos sentamos en la escalinata de la iglesia mirando hacía la plaza y entonces nos dimos cuenta de algo que hasta entonces nos había pasado inadvertido: estaban restaurando la fachada del edificio de enfrente, en la misma plaza, y habían colocado un toldo sólo en las zonas donde estaban de obras y dejando al aire libre la zona
de la fachada que no estaba en obras. Resulta que habían pintado el toldo y había ventanas reales y ventanas que no, gente real asomada y gente que no.....una pasada, si no te paras muy detenidamente a mirarlo no te das ni cuenta. Os dejo la foto:

Realmente el centro histórico de
Montpellier, que perteneció al Reino de
Aragón en su momento, es todo él una maravilla. Calles angostas, todo de piedra, en la misma piedra, todo del mismo color.....me recuerda en parte a Salamanca por la piedra del mismo color y en parte a Toledo por sus calles angostas y sus cuestas
pronunciadas. Las multitud de plazas que pueblan el centro le dan una vida especial.
Para cenar elegimos una
creperie (que ya apetecía de nuevo) en la misma calle de acceso a la plaza. El local se llama "Les
Casseroles en folie" (Las
caceloras en fila). Si alguno pasa por
Montpellier no puede dejar de ir si le gustan los
crepes y quiere cenar bien y muy barato. El trato es
excelente, el dueño mismo hace de camarero también y habla español, conoce ciudades españolas y nos trató a cuerpo de rey.
Optamos por un
crepe salado para cada uno y uno dulce para compartir. Un
pichet de medio litro de vino de
Beziers servido en cuencos de loza como nos
fue habitual en las
creperies y dos cafés solos para acabar. El precio total
fue de 26 euros. Los
Crepes elegidos fueron:
*
Crepe de
Tripandouille con huevo (tripas o callos, con tomate y una salsa exquisita).
*
Crepe de pollo asado, champiñones, pimientos asados y aceitunas negras.
* Una pequeña ensalada que venía incluida con el pedido.
*
Crepe de Chocolate, caramelo y
chianty con avellanas.


Tras una cena que fue realmente
increíble, entre otros motivos por los sabores nuevos que pudimos probar y el tratamiento tan
increíble que le da la cocina francesa a la
casquería por ejemplo, nos encaminamos al coche con la intención de acercarnos al puerto de
Lattes antes de ir al
camping para tomar una última copa allí
tranquilamente a pié de barco.
Al llegar a la
Plaçe de la Comedie nos encontramos con un grupo de
breakers montando su
espectáculo en plena plaza con cerca de 100 personas alrededor aplaudiendo y disfrutando. Hice un
vídeo con toda la actuación, en concreto con un solo de
popping realmente brutal por parte de un chaval. Procuraré subirlo si compruebo si se ve algo claro.
Nos fuimos al puerto de
Lattes y nos tomamos, como he dicho, la última copa allí ....estuvimos muy tranquilos porque no había mucha gente. Un final muy agradable para un día duro....ya se empezaban a notar los días sin parar uno tras otro.
Al día siguiente nos quedaría nuestra segunda jornada en
Montpellier, dedicada esta vez a los museos y jardines. Por la mañana,
antes de eso, nos quedaría nuestra última visita a una bodega en Francia.